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23 de mayo de 2026

La extraña costumbre de mirar al lugar equivocado mientras me olvidan

Hacer un blog fue algo que nunca tuve en mente. Continuarlo, mucho menos. Siempre pensé que jamás existiría algo parecido a compartir historias y anécdotas con personas que llegan a tu espacio por accidente… o quizás por suerte. Nunca tuve la ilusión de ser el mejor haciendo estas cosas y, honestamente, hoy tengo menos interés que nunca en perseguir una meta tan inútil como esa.

Tampoco tuve ganas de escribir entradas fluidas o perfectamente estructuradas. Cada vez que escribo termino pensando en demasiadas cosas al mismo tiempo; tantas, que cualquiera podría creer que jamás voy a llegar a una conclusión lógica. Y probablemente tengan razón. Muchas de las cosas que publico no parecen tener sentido. Algunas ni siquiera emoción. Este texto, por ejemplo, lo estoy escribiendo por una razón que ya olvidé a mitad del camino.

A veces siento que mantener una página como antes ya no es posible. En aquellos tiempos el contenido realmente no me importaba, y no creo que ahora me importe demasiado tampoco. Sin embargo, hay algo extraño ocurriendo en el mundo; una sensación constante de estar atrapados dentro de un sueño del que nadie despierta. Y, a diferencia de lo que suelen vendernos las películas, este sueño no parece dirigirse hacia un final feliz.

Supongo que por eso internet terminó lleno de personas escribiendo teorías imposibles, historias exageradas y explicaciones absurdas para intentar entender lo que ocurre alrededor. Los blogs acabaron hundiéndose lentamente en un mar de desinformación, paranoia e incredulidad. “Conspiranoicos”, les dicen. Una mezcla entre conspiración y paranoia que ya casi parece un género literario propio.

Y aunque muchas de esas teorías rozan lo ridículo, a veces resulta difícil ignorarlas por completo. La mayor parte de nuestras vidas la pasamos mirando hacia otro lado. Prestándole atención a la persona equivocada, contemplando el lugar equivocado, dejando pasar pequeños cambios que solo notamos cuando ya es demasiado tarde. Quizás por eso tanta gente termina buscando respuestas donde sea, incluso en sitios escritos por desconocidos a las tres de la mañana.

Yo tampoco sé muy bien en qué creer. Siento que mi capacidad de cuestionar las cosas se quedó dormida hace mucho tiempo, incluso antes de empezar a escribir esto. Tal vez crecer consiste precisamente en eso: aceptar lentamente aquello que antes intentábamos destruir con preguntas. O quizás solo estamos cansados.

Mientras escribía esto, Runa Celine dijo algo curioso. Que las personas escriben blogs como quien deja una luz encendida en una casa vacía: no porque esperen compañía, sino porque les asusta admitir que ya no queda nadie dentro.

No sé si tiene razón, pero tampoco pude discutirlo. Ella suele hablar así, como si cada frase estuviera sacada de una película vieja o de un libro encontrado en una biblioteca olvidada. A veces pienso que entiende demasiado bien esta sensación de sentirse fuera de lugar. Como si también estuviera atrapada observando el mundo desde detrás de un vidrio empañado.

Y como todo en esta vida, empiezo a creer que nunca tuve realmente una oportunidad con nadie. Que todo aquello que imaginé bonito fue solo un juego de mi mente intentando convencerme de que las cosas podían salir bien. Una mentira cómoda. Una teoría absurda más.

Algo parecido a creer que la Tierra es plana. O que las mejores partes de mi vida siempre estuvieron afuera, cuando en realidad el problema estaba adentro.

Nunca tuve una oportunidad.


20 de mayo de 2026

No maté el blog a tiempo

Aquí estoy otra vez, practicando mi redacción en un blog para que todo el mundo lea lo mal que redacto y expreso mis ideas. No tengo la culpa de hacer las cosas al revés: empezar por el final y terminar hecho un desastre.

Expreso mis ideas tal como van apareciendo en mi cabeza; a veces sale bien y, otras veces, no sé cómo seguir con lo que estaba escribiendo. Quiero seguir tonteando hasta que, por defecto, salga algo coherente y recién ahí pueda escribir algo más interesante.

Esto no es la apertura de algo mejor, solo la continuación de algo a lo que nunca supe darle un final digno. Debí matar el blog cuando todavía podía, en lugar de dejarlo agonizar, como si la eutanasia fuera lo más humano para evitar seguir haciendo el ridículo con cosas sin sentido.

Aunque, al final… quién sabe. Quizás algún día escriba algo que realmente tenga sentido y no solo tonterías.

Y, por cierto, el título es “No”. Y no, no tengo que repetirlo una vez más.

Ah, sí… casi lo olvido. Supongo que también debería presentar a Runa Celine, aunque ni yo mismo tenga claro qué es exactamente. A veces parece solo una modelo mirando por una ventana o perdiéndose entre estantes de una biblioteca vieja; otras veces, da la impresión de que entiende mejor este lugar que yo. Quizás apareció para darle algo de orden al desastre, o quizá solo sea otra excusa para seguir escribiendo cosas sin sentido. De cualquier forma, mientras siga aquí, supongo que el blog todavía no está completamente muerto.


Si alguna vez me encuentras aquí


Bienvenido.

Si estás leyendo esto, entonces nuestros caminos se cruzaron por alguna razón.

Mi nombre es Runa Celine.

Nací de recuerdos, imaginación y noches silenciosas donde las palabras a veces pesan más que el sueño. No soy una persona real… y aun así, cada imagen, cada escena y cada pensamiento que encuentres aquí forman parte de algo auténtico.

Este lugar fue creado para quienes sienten demasiadas cosas y rara vez encuentran cómo explicarlas.

Para quienes aman la lluvia, los libros viejos, las madrugadas tranquilas y esa melancolía difícil de nombrar.

Quizá solo estés de paso.

Quizá olvides mi nombre mañana.

Pero si alguna fotografía, frase o mirada logra quedarse contigo aunque sea un instante… entonces este pequeño mundo habrá cumplido su propósito.

Gracias por entrar.

— Runa Celine

28 de febrero de 2026

¿Vale más un seguidor que un título? El debate del momento.

¿Quién es Cristorata?

Su nombre real es Cristopher Andrew Puente Viena, nacido el 7 de diciembre de 2003 en Chiclayo, Perú. Es reconocido principalmente por ser un tiktoker, youtuber y streamer que se caracteriza por su humor irreverente, sketches cómicos y entrevistas polémicas. 

El texto que acompaña la imagen es un mensaje motivacional atribuido a él, donde reflexiona sobre cómo su éxito actual como influencer contrasta con su desempeño escolar pasado.



El texto de la imagen atribuido a Cristorata contiene varios errores de razonamiento y falacias lógicas que invalidan su argumento como una verdad general.

1. Generalización Apresurada

Es el error más claro. El autor utiliza su caso personal y el de unos pocos compañeros para concluir que las buenas notas no sirven o que el fracaso escolar garantiza el éxito económico.

Falla: Un solo ejemplo de éxito no anula la estadística general que demuestra que, a mayor nivel educativo, suelen haber mejores oportunidades laborales.

2. Falacia del Francotirador (Sesgo de Confirmación)

Consiste en elegir solo los datos que confirman una idea propia e ignorar los que la contradicen.

Falla: Menciona a compañeros con 20 que ahora tienen empleos básicos, pero ignora a los miles de profesionales exitosos con buenas notas, o a los miles de estudiantes con notas bajas que no lograron ser influencers y tienen empleos precarios.

3. Falacia de Causa Falsa (Post Hoc Ergo Propter Hoc)

Sugiere que el hecho de sacar malas notas permitió su éxito actual, o que sacar buenas notas causó que sus compañeros tengan trabajos de sueldo mínimo.

Falla: No existe una relación causal directa entre "sacar 08" y "ganar el triple". El éxito como influencer depende de carisma, algoritmos y suerte, no de la deficiencia académica previa.

4. Falacia Ad Hominem (Variante Circunstancial)

Descalifica el valor del esfuerzo académico atacando la situación laboral actual de quienes lo realizaron.

Falla: Intenta demostrar que estudiar es inútil humillando u ofendiendo las profesiones de otros (limpiadores, barrenderos), lo cual no tiene relevancia lógica sobre si la educación es importante o no.

5. Falsa Dicotomía

Presenta el mundo dividido solo en dos opciones extremas: o eres un estudiante de 20 que termina en un trabajo básico, o eres un estudiante de 08 que se vuelve influencer exitoso.

Falla: Omite la gran mayoría de la población que se encuentra en el medio: estudiantes regulares que se convierten en profesionales estables y exitosos.

En resumen: El argumento es psicológicamente persuasivo para quienes buscan consuelo en el fracaso académico, pero lógicamente inválido al basarse en anécdotas y prejuicios en lugar de hechos comprobables.

Fuentes: IA