Facebook de la pagina

23 de mayo de 2026

La extraña costumbre de mirar al lugar equivocado mientras me olvidan

Hacer un blog fue algo que nunca tuve en mente. Continuarlo, mucho menos. Siempre pensé que jamás existiría algo parecido a compartir historias y anécdotas con personas que llegan a tu espacio por accidente… o quizás por suerte. Nunca tuve la ilusión de ser el mejor haciendo estas cosas y, honestamente, hoy tengo menos interés que nunca en perseguir una meta tan inútil como esa.

Tampoco tuve ganas de escribir entradas fluidas o perfectamente estructuradas. Cada vez que escribo termino pensando en demasiadas cosas al mismo tiempo; tantas, que cualquiera podría creer que jamás voy a llegar a una conclusión lógica. Y probablemente tengan razón. Muchas de las cosas que publico no parecen tener sentido. Algunas ni siquiera emoción. Este texto, por ejemplo, lo estoy escribiendo por una razón que ya olvidé a mitad del camino.

A veces siento que mantener una página como antes ya no es posible. En aquellos tiempos el contenido realmente no me importaba, y no creo que ahora me importe demasiado tampoco. Sin embargo, hay algo extraño ocurriendo en el mundo; una sensación constante de estar atrapados dentro de un sueño del que nadie despierta. Y, a diferencia de lo que suelen vendernos las películas, este sueño no parece dirigirse hacia un final feliz.

Supongo que por eso internet terminó lleno de personas escribiendo teorías imposibles, historias exageradas y explicaciones absurdas para intentar entender lo que ocurre alrededor. Los blogs acabaron hundiéndose lentamente en un mar de desinformación, paranoia e incredulidad. “Conspiranoicos”, les dicen. Una mezcla entre conspiración y paranoia que ya casi parece un género literario propio.

Y aunque muchas de esas teorías rozan lo ridículo, a veces resulta difícil ignorarlas por completo. La mayor parte de nuestras vidas la pasamos mirando hacia otro lado. Prestándole atención a la persona equivocada, contemplando el lugar equivocado, dejando pasar pequeños cambios que solo notamos cuando ya es demasiado tarde. Quizás por eso tanta gente termina buscando respuestas donde sea, incluso en sitios escritos por desconocidos a las tres de la mañana.

Yo tampoco sé muy bien en qué creer. Siento que mi capacidad de cuestionar las cosas se quedó dormida hace mucho tiempo, incluso antes de empezar a escribir esto. Tal vez crecer consiste precisamente en eso: aceptar lentamente aquello que antes intentábamos destruir con preguntas. O quizás solo estamos cansados.

Mientras escribía esto, Runa Celine dijo algo curioso. Que las personas escriben blogs como quien deja una luz encendida en una casa vacía: no porque esperen compañía, sino porque les asusta admitir que ya no queda nadie dentro.

No sé si tiene razón, pero tampoco pude discutirlo. Ella suele hablar así, como si cada frase estuviera sacada de una película vieja o de un libro encontrado en una biblioteca olvidada. A veces pienso que entiende demasiado bien esta sensación de sentirse fuera de lugar. Como si también estuviera atrapada observando el mundo desde detrás de un vidrio empañado.

Y como todo en esta vida, empiezo a creer que nunca tuve realmente una oportunidad con nadie. Que todo aquello que imaginé bonito fue solo un juego de mi mente intentando convencerme de que las cosas podían salir bien. Una mentira cómoda. Una teoría absurda más.

Algo parecido a creer que la Tierra es plana. O que las mejores partes de mi vida siempre estuvieron afuera, cuando en realidad el problema estaba adentro.

Nunca tuve una oportunidad.


No hay comentarios.: